Presentación

El Festival Internacional de Órgano “Catedral de León” es ya un acontecimiento socio-cultural que forma parte de nuestras vidas. El bello paisaje otoñal leonés hace tiempo que viene acompañado de una “banda sonora” que, lo mismo que en el cine ayuda al espectador a integrarse en el guion, así aquí la música se convierte en auténtico protagonista indiscutible, en actor principal, acompañado, eso sí, por un paisaje llamado “catedral” que juntos, forman una simbiosis perfecta entre visión y audición, dentro de un espacio sonoro, legado de nuestros antepasados. Si a todo esto añadimos el gran órgano, hilo conductor de todo el proceso, ya no se trata de una película; se trata de una realidad que cultiva nuestra sensibilidad y nos ayuda a vivir en paz y en libertad. El numeroso público que cada año asiste es el mejor garante de nuestro festival, avalado por magníficos intérpretes que nos hacen revivir el pasado, pero también nos ayudan a proyectar el futuro.

En esta edición del Festival, no podíamos pasar por alto el XXV aniversario del fallecimiento del insigne compositor, organista y ornitólogo Olivier Messiaen. Su obra, considerada mundialmente como la mayor contribución a la música para órgano después de J.S.Bach, estará muy presente en la programación, junto con la de aquellos autores que le precedieron y sucedieron en el mismo arte y entorno geográfico. Así, nos disponemos a realizar un interesante recorrido que nos llevará desde los pasados siglos XXVII y XVIII, con C. Marchand y F. Couperin, pasando por el s.XIX con autores como M. Ravel, E. Satie, L. Vierne, Ch. Tournemire, Ch. M. Widor y Guilmant, hasta desembocar en los coetáneos del homenajeado, J. Alain y M. Duruflé, P.Cochereau o el propio Jean Guillou. Todo un elenco de compositores y organistas alrededor de Olivier Messiaen, que nos harán reflexionar y disfrutar de la grandeza de la música francesa para órgano.

Intérpretes de la máxima solvencia darán brillo a un festival cargado de intención. Es difícil imaginar un lugar más adecuado para homenajear al maestro Meseiaen cuya música, fascinante por su riqueza tímbrica, rítmica y armónica, inconfundiblemente moderna, es portadora de un mensaje humano y universal que supera su evidente confesionalidad católica. El nuevo órgano catedralicio -del que su ideólogo, Jean Guillou, dijo:”sonarán todos los colores que inundan la catedral”-, parece estar especialmente dispuesto para la interpretación de esta música.

Uno de los grandes dramas de mi vida consiste en decirle a la gente que veo colores cuando escucho música, y ellos no ven nada, nada en absoluto. Eso es terrible. Y ellos no me creen. Cuando escucho música yo veo colores. Los acordes se expresan en términos de color para mí. Estoy convencido de que uno puede expresar esto al público.

No pido que vean los mismos colores que yo- eso, por otra parte,es imposible- pero sí que vean colores, cada cual a su manera.

Olivier Messiaen

Cuando estamos celebrando la trigesimocuarta edición del festival, seguimos manteniendo la idea que nos impulsó a la aventura: la cultura es rentable, pero dicha rentabilidad debe ir más allá de un concepto meramente económico; es preciso pensar en rentabilidad para la formación humana de nuevos individuos. No queremos hacer de la cultura un valor meramente turístico sino educacional y no queremos pensar solo en actividades sino fundamentalmente en contenidos. No nos interesa tanto el resultado como el cumplimiento de un deber y un derecho que a todos nos atañe: ser creadores, que en definitiva significa vivir.

Samuel Rubio